Mi
Maestro y amigo me ha regalado la oportunidad de compartir aquí, con vosotros
cómo fue mi despertar espiritual.
Lo primero que quiero decir
es que no puedo relatar la experiencia completa, porque todavía estoy
despertando. Lo que puedo compartir aquí es cómo y cuando se inició lo que para
mi viene siendo la experiencia más revolucionaria que he experimentado en mi
vida.
Recuerdo que en mi infancia
y adolescencia tenía muchos sueños y me sentía capaz de realizarlos
todos.
| Despertar - Alejandro Boeris |
Me gustaba aprender y
estudiar, lo cual sirvió de coraza personal ante la experiencias traumática
derivadas de suna separación familiar, supongo que en mi fuero más interno
trataba de lograr la aprobación y orgullo de mis padres.
Nunca estuve segura de
lograr eso, pero en el camino por lo menos logré obtener la mía propia, y eso
resultó ser un maravilloso regalo para la vida, un recurso que me fue útil desde
entonces….y para siempre.
Aprendí también que ningún
éxito, o casi ninguno es fortuito. Asocié desde muy joven la correlación entre
las acciones y sus consecuencias: Si estudias, aprendes, si aprendes, respondes
bien en los exámenes…y sacas buenas notas.
Seguí exportando esto a
todos los ámbitos de mi vida. Siempre he sido una persona muy trabajadora y he
intentado dar lo mejor de mi misma y de mis capacidades a las causas y empresas
para las que he trabajado.
Las “causalidades” que
había aprendido durante mi etapa de estudiante funcionaban con la misma
exactitud en mi etapa profesional: si trabajas duro, si te esfuerzas, si te
entregas, si das más de lo que se te pide, y lo das de corazón a favor de un
proyecto, el proyecto funciona. Éxito
A los 32 años fui un paso
más allá y creé mi propia empresa. Seguramente trabajo muchísimo más que
cualquier asalariado, pero lo hago en lo que me apasiona, así que este fue
también un paso importante adicional a lo que solemos llamar
auto-realización.
Como no hay dos sin tres,
empecé a imaginar y a extrapolar esta misma regla también a mi vida personal.
Deseaba ser feliz en mi vida personal, encontrar un hombre bueno que me quisiera
mucho tal y como soy, edificar con él un proyecto de vida común, tener hijos,
criarles con amor, principios y valores, dar lo mejor de mi misma a mi esposo y
a mis hijos, y contribuir con ello a dejar a la sociedad dos pequeños hombres de
provecho que a través de su existencia y sus relaciones lograran poner su
granito de arena para hacer un mundo mejor.
Y de nuevo sucedió. Estoy
casada con un hombre al que adoro y tenemos dos niños sanos inteligentes y
preciosos que crecen felices día a día en un entorno lleno de besos, cariño y
cuentos con grandes moralejas. Como debe ser. Doy a mis hijos la infancia que yo
no tuve, pero también agradezco mis carencias en ese sentido, porque me ayudaron
a “diseñar”, una vez más, la infancia que deseaba dar a mis
hijos.
Y entonces
ocurrió….
En 2011, un año después del
nacimiento de nuestro segundo hijo Santo, empezó
todo….
Repasé mental y
emocionalmente mi trayectoria vital, y comprobé feliz que las expectativas que
tenía cuando era una adolescente se habían cumplido. Todos mis sueños se habían
hecho realidad. Nunca fue fácil, semejante entramado de “éxitos” requiere haber
tomado las decisiones acertadas entre muchas opciones distintas, pero el caso es
que debía haber tomado las acertadas por lo menos en su mayoría, porque todo
estaba en su sitio. Todo estaba hecho.
Entonces empecé a sentir
una creciente e inexplicable inquietud. No fue de un día para otro, fue gradual.
Mi sensibilidad parecía acrecentarse poco a poco, a veces pensaba que más que
sensible me estaba volviendo susceptible. Mi empatía por los sentimientos de los
demás se incrementó de forma dramática, empecé a sentir y a preocuparme por los
demás de una forma absolutamente genuina, quizás hasta el momento no había
tenido tiempo, pues tenía que preocuparme por mi y por llevar a buen puerto mis
sueños y proyectos.
Empecé a sentir una
creciente sensación de soledad, de necesidad de aislamiento, de recogimiento.
Deseaba ese momento antes de dormir, y el de recién despertada todavía en la
cama. Pensaba, divagaba, me sentía culpable por sentir esa extraña e
inexplicable tristeza o soledad con todo lo que tenía. Esa sensación todavía
incrementaba más mi angustia.
Se empezaron a producir
situaciones realmente surrealistas, como salir de una revisión del dentista a
las cinco de la tarde y romper a llorar en plena calle en Madrid, mientras
volvía a casa sola caminando.
No sabía con quién hablar,
ni qué hacer, ni dónde buscar. Como soy Creyente, le pedí a Dios que me ayudara
a entender qué me estaba pasando pero no conectaba con su respuesta, como sí
había ocurrido en muchas otras ocasiones anteriores en mi vida.
Me preocupé seriamente y
empecé a pensar que lo más importante por el momento era que lo que me estaba
ocurriendo no afectara a mi entorno ni a los míos. Me propuse firmemente, como
había hecho siempre en mi vida, que “eso” no les afectara. Y como siempre
también, lo logré, pero eso no hizo más que maximizar todavía más la sensación
de desorientación, aislamiento y tristeza que reinaba en lo más profundo de mi
ser.
También se despertaron
sensaciones internas de tremenda frustración, agresividad, rebeldía. Hasta ahora
había sido una mujer hecha a mi misma, siempre confiaba en mis propios recursos
para encontrar soluciones a los problemas, de alguna manera siempre lograba
controlar la situación.
Esta vez
no.
Entonces empecé a aprender
también sobre temas que hasta ahora me habían resultado totalmente desconocidos.
Siempre habían estado allí, delante de mis ojos, pero jamás les había visto.
Emergió un nuevo mundo tan complejo e imponente ante mis ojos que llegué a
sentirme furiosa conmigo misma por no haberlo visto
antes.
Estaba tan fascinada y
maravillada, que lamenté haber pasado ya la mitad de mi vida (tengo 42 años)
ciega ante esa tremenda realidad, y me agobié otra vez al pensar cómo podría
recuperar el tiempo perdido.
En contra de lo que ocurre
en el mundo profano, las prisas, las planificaciones, las agendas, iban
proporcionalmente en contra de esta “nueva” evolución. Esta vez sólo sentía
progreso cuando hacía todo lo contrario. Cuando paraba, cuando dejaba de querer
controlarlo todo, cuando escuchaba en lugar de
hablar.
Era algo totalmente nuevo
para mi.
Y todavía lo es. De pronto
apareció mi Maestro. Fue a través de una red social. La conexión con él no fue
la que tenemos habitualmente con desconocidos a los que les aceptamos la
amistad. A día de hoy todavía no le conozco personalmente pero siento como si le
conociera de toda la vida, de otras vidas. Como esas amistades de cuando eras
pequeño, muy pequeño en el colegio, que aunque haya pasado toda una vida no pasa
nada porque os conocisteis en la etapa más pura.
Pues así estoy yo.
No se cuanto tardaré en
despertar, lo que se es que me encuentro todavía en pleno proceso. A veces
siento como si una fuerza tremenda dentro de mi tratara de abrirse paso a través
de mi cuerpo y no lo consigue. No puede salir, y eso causa un auténtico
terremoto en mi interior.
Sin embargo, lo más
paradójico es que dentro de esta incertidumbre siento a la vez una gran certeza.
De dejarme ir, de confiar, de dejar que las cosas ocurran. Después de esta
“mutación”, y a pesar de los conflictos y rupturas que esta transformación está
causando a mi vida interior y a mi vida social, tengo la absoluta certeza de que
es para bien, y de que el producto final será la mejor versión posible de mi
misma, mi auto-realización completa.
Al final, aparte de llegar
a vieja rodeada de nietos y contándoles maravillosos cuentos, mi objetivo
absoluto es haber resultado útil a los demás, a la sociedad, a los más
necesitados, a los incomprendidos, a los débiles.
Un día, hace 15 años en
México, me dijeron que no podría relacionarme con todo el mundo. Sólo con los
puros de corazón. Ejercería sobre los demás como un espejo, reflejaría su
verdadera esencia al verse reflejados en mi y algunos, la mayoría no podrían
soportarlo.
También por otro lado he
sentido mensajes de parte de Dios de que soy uno de sus ángeles. Por eso algunas
personas cuando me ven, si son malas, se vienen abajo o se ponen muy nerviosas
conmigo. Tienen que irse de mi lado, o se volverían locas.
Está claro que soy especial
y que hay algo especial que he venido a hacer aquí mientras viva.
Y estoy segura de que a
pesar de los tremendos terremotos internos que se están dando actualmente en mi
interior, lo conseguiré y así será. Como Siempre.
A la Gloria del
Progreso.
Patricia
No hay comentarios:
Publicar un comentario