En días pasados reflexionábamos sobre los motivos por los
que el despertar individual no era un fenómeno común y lo achacábamos a las características
personales de cada uno de nosotros que motivaban, o no este despertar. Mi amigo
Javi, me escribió un atento mail donde me indicaba que hoy en día, con el grado
de formación y civilización que gozamos los ciudadanos medios de nuestra civilización
occidental, invalidaba esta tesis de facto.
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| Mundo estable |
Lo cierto es que el individuo es inteligente, es capaz por sí
mismo de tener una actitud que le permita elevarse de la cotidianeidad para
introducirse, sea por el camino que sea, en un mundo espiritual. Pero que el
individuo sea inteligente no le priva del miedo y el miedo hace que nos
comportemos en ocasiones como una manada de búfalos siguiendo a la masa, sin
pensar y, ni mucho menos, sin necesidad vital de estudiar y comprender un
camino de mejora de si mismo que es, en el fondo, lo que persigue todo buscador
de la luz.
Esos miedos, que no solo son los transcendentales a lo
desconocido o a la muerte, o los miedos
adaptativos de nuestra propia evolución fisiológica y psicológica, sino también
los miedos sociales, los miedos al rechazo, a encajar en una sociedad.
Para encajar en la sociedad y sobre todo la lucha por lograr cubrir una
serie de necesidades importantes dentro de ella, estamos embarcados sin saberlo
en una guerra contra todo y contra todos en la búsqueda de amistad, afecto,
respeto, éxito, confianza y tranquilidad, independencia económica, etcétera.
Esta razón, que podemos resumir en la posición social, es importante en la evolución y en el despertar espiritual, podemos tenerla o recurrir al ascetismo.
En la cultura oriental y en menor medida en la espiritualidad
occidental, el ascetismo, la vía de la renunciación a los placeres materiales y
a la estabilidad que nos proporciona la posición social, ha sido un camino importantísimo
y aun en vigor para separar de la ecuación vital las necesidades materiales que
nos provocan ansiedades y miedos para centrarse en la vía mística.
Sin embargo, para los comunes mortales, con familias y
responsabilidades, no podemos valorar el ascetismo como camino espiritual de
desprendimiento, solo nos queda sobre elevarnos de las necesidades materiales,
en consecuencia, conseguir una independencia económica que nos permita tiempo
para nuestro yo interior y crecer espiritualmente.
Son raros los casos de personas sin cierta independencia económica
con fuerza mental suficiente para seguir
un camino espiritual.
Evidentemente independencia económica no significa riquezas,
significa una estabilidad que nos permita vivir.

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